Administrador Público y Cientista Político

jueves, 26 de febrero de 2009

La dimensión de la corrupción en un Estado que crece

Existe una relación lógica entre el tamaño del Estado y la dimensión de la corrupción. En ese sentido se establece que a mayor tamaño del Estado, mayor corrupción habrá. Un país como Bolivia, que tiene todavía problemas con el respeto al Estado de derecho, y por lo tanto con el entendimiento del concepto de institucionalidad, requiere ajustar sus sistemas.
Si hablamos de la intención de prevenir la corrupción debemos entonces pensar en establecer medios de control interno en la administración pública.
Para tal efecto, el primer paso coherente es diseñar un procedimiento que satisfaga las necesidades de una determinada realidad ideal planificada y posible. Posteriormente se debe pensar recién en dar el segundo paso que tiene que ver con implantar dicha realidad planificada.
Al parecer en Bolivia estamos haciendo las cosas al revés. Primero hacemos crecer el Estado (situación ideal planificada y posible), para después implementar sistemas de control interno en la administración (esto último todavía es una utopía y ni siquiera se ha planteado formalmente).
En el caso específico de la corrupción, el actual gobierno no ha implementado una política de Estado para prevenir este flagelo. Y esto necesariamente tiene que ver con la adopción de políticas de transparencia, acceso a la información, rendición de cuentas, la aplicación de la probidad y la ética pública, entre otras.
Lamentablemente en esta gestión sólo se ha decidido dar seguimiento a denuncias de corrupción vigentes, medida que poco o nada ayudarán para disminuir este mal.
En fin, el crecimiento excesivo de la burocracia, sin controles adecuados, provoca un descontrol en la buena utilización de los recursos de la administración pública.
Lo alarmante es que en estos últimos días hemos escuchado hablar de la posibilidad de seguir nacionalizando. Esta vez empresas de electricidad, siguiendo la filosofía de lo que establece la nueva CPE.
Es decir parece que no se ha aprendido la lección. El Estado sigue creciendo sin control y la corrupción alimentándose de la tentación de seguir aumentando su dimensión.
De nada sirve rasgarse la vestiduras analizando si somos más, menos o igual de corruptos que antes, lo proactivo es reflexionar en la solución que podemos dar para prevenir hechos que no queremos que se den más en el futuro.
Ese es el análisis en el cual todos debemos contribuir y concentrarnos. El proceso de nacionalización se ha abordado sin una mínima política de prevención de consecuencias negativas, que históricamente han demostrado darse en este tipo de casos.
Qué habría pasado si antes de nacionalizar YPFB se habría pensado en una estrategia de implementación de controles internos para toda empresa nacionalizada. Seguramente no estaríamos leyendo todos los días nuevos capítulos de novelas de santos.

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Dirijo el área de investigación y formación de esta entidad