Hace poco más de tres semanas tuve la grata visita de familiares chilenos que se quedaron en la ciudad de La Paz por el lapso de una semana y fracción.
Ellos quedaron impresionados por la hermosura de la ciudad rodeada de bellas montañas de colores distintos, la amabilidad de la gente, la diversidad de sabrosas comidas, la energía del Lago Titicaca y su cielo azul y por el majestuoso Illimani. Pero además les encantó la vida familiar, que aún mantiene ese aire “de antes”, y la forma de ser del boliviano, que ensalza su folklore, baila su propia música, disfruta su comida y valora su cultura.
Pero a uno de los visitantes lo que más le impactó fue una imagen que se le grabó en la mente, quizás para siempre, al punto que cuando me contó lo que vio su rostro y voz iban cambiando.
La escena fue ésta: Mientras el chileno caminaba por una calle de la zona sur vio a una niña potosina junto a su madre pidiendo limosna. Ya se había acostumbrado a esta situación debido a la gran cantidad de mendigos que aparecen en las vías; sin embargo, detuvo su andar cuando percibió que la chiquita, de no más de cinco años, recogió un papel que “un caballero” de clase media había tirado despreocupadamente al suelo.
La pequeña potosina rápidamente agarró la basura y la llevó al papelero más cercano mientras la persona que había ensuciado la calle desapareció entre la gente.
La reflexión gracias a esa acción fue categórica: el respeto al bien común fue inconsciente. Evidentemente la niña potosina no tenía prácticamente ninguna educación por su corta edad; sin embargo, tuvo la capacidad de intuir que un papel tirado en la calle ensuciaba el espacio de todos. Es así que su pequeña lógica la llevo a “poner la basura en su lugar”, aunque sea jugando, algo que muchos de nosotros pasamos por alto en el día a día, olvidando por completo el respeto al espacio común.
Por el contrario, el “caballero” de clase media seguramente botó el papel también de forma inconsciente, como si fuera parte de la naturaleza humana arrojar los deshechos dónde se nos da la gana.
Aquel día esa niña potosina nos recordó, gracias a la reflexión de mi huésped, el valor del respeto al bien común y nos dio una lección demostrando que el pobre y el ignorante puede ser más digno que cualquiera al respetar el espacio de todos como si fuera el propio, aunque sea de forma inconsciente.
Quizás los bolivianos, conforme vamos creciendo, vamos perdiendo nociones básicas de respeto al otro. Éste sólo es un ejemplo para que nosotros podamos reflexionar respecto a nuestras propias conductas y actitudes frente al bien común, concepto tan poco conocido en nuestro medio.
Bienvenidos En este espacio, se podrá dialogar e intercambiar opiniones, buscando posturas críticas ante el proceso histórico coyuntural que nos toca vivir. El nombre tiene establece que por detrás de lo que vemos y conocemos se va tejiendo un mundo de elementos con características positivas y negativas que deben ser discutidas y analizadas con objetividad y responsabilidad, mostrando de esta manera los procesos poco difundidos, en sus luces y sombras.
viernes, 13 de febrero de 2009
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La inquietud de tener un espacio como éste, se genera a partir de notar la ausencia de elementos proactivos de debate y análisis sobre el quehacer político, social, económico y cultural.
En este espacio, se podrá diálogar, intercambiar opiniones que respondan a un compromiso social de todos los que deen participar, buscando posturas críticas ante el proceso histórico coyuntural que nos toca vivir.
El nombre tiene como trasfondo la idea de mostrar lo que se encuentra detrás de lo visible, evidenciando que por detrás de lo que vemos y conocemos se va tejiendo un mundo de elementos con características positivas y negativas que deben ser discutidas y analizadas con objetividad y responsabilidad, mostrando de esta manera los procesos poco difundidos, en sus luces y sombras.
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