Existe una relación lógica entre el tamaño del Estado y la dimensión de la corrupción. En ese sentido se establece que a mayor tamaño del Estado, mayor corrupción habrá. Un país como Bolivia, que tiene todavía problemas con el respeto al Estado de derecho, y por lo tanto con el entendimiento del concepto de institucionalidad, requiere ajustar sus sistemas.
Si hablamos de la intención de prevenir la corrupción debemos entonces pensar en establecer medios de control interno en la administración pública.
Para tal efecto, el primer paso coherente es diseñar un procedimiento que satisfaga las necesidades de una determinada realidad ideal planificada y posible. Posteriormente se debe pensar recién en dar el segundo paso que tiene que ver con implantar dicha realidad planificada.
Al parecer en Bolivia estamos haciendo las cosas al revés. Primero hacemos crecer el Estado (situación ideal planificada y posible), para después implementar sistemas de control interno en la administración (esto último todavía es una utopía y ni siquiera se ha planteado formalmente).
En el caso específico de la corrupción, el actual gobierno no ha implementado una política de Estado para prevenir este flagelo. Y esto necesariamente tiene que ver con la adopción de políticas de transparencia, acceso a la información, rendición de cuentas, la aplicación de la probidad y la ética pública, entre otras.
Lamentablemente en esta gestión sólo se ha decidido dar seguimiento a denuncias de corrupción vigentes, medida que poco o nada ayudarán para disminuir este mal.
En fin, el crecimiento excesivo de la burocracia, sin controles adecuados, provoca un descontrol en la buena utilización de los recursos de la administración pública.
Lo alarmante es que en estos últimos días hemos escuchado hablar de la posibilidad de seguir nacionalizando. Esta vez empresas de electricidad, siguiendo la filosofía de lo que establece la nueva CPE.
Es decir parece que no se ha aprendido la lección. El Estado sigue creciendo sin control y la corrupción alimentándose de la tentación de seguir aumentando su dimensión.
De nada sirve rasgarse la vestiduras analizando si somos más, menos o igual de corruptos que antes, lo proactivo es reflexionar en la solución que podemos dar para prevenir hechos que no queremos que se den más en el futuro.
Ese es el análisis en el cual todos debemos contribuir y concentrarnos. El proceso de nacionalización se ha abordado sin una mínima política de prevención de consecuencias negativas, que históricamente han demostrado darse en este tipo de casos.
Qué habría pasado si antes de nacionalizar YPFB se habría pensado en una estrategia de implementación de controles internos para toda empresa nacionalizada. Seguramente no estaríamos leyendo todos los días nuevos capítulos de novelas de santos.
Bienvenidos En este espacio, se podrá dialogar e intercambiar opiniones, buscando posturas críticas ante el proceso histórico coyuntural que nos toca vivir. El nombre tiene establece que por detrás de lo que vemos y conocemos se va tejiendo un mundo de elementos con características positivas y negativas que deben ser discutidas y analizadas con objetividad y responsabilidad, mostrando de esta manera los procesos poco difundidos, en sus luces y sombras.
jueves, 26 de febrero de 2009
viernes, 13 de febrero de 2009
La niña potosina que respeta la ciudad
Hace poco más de tres semanas tuve la grata visita de familiares chilenos que se quedaron en la ciudad de La Paz por el lapso de una semana y fracción.
Ellos quedaron impresionados por la hermosura de la ciudad rodeada de bellas montañas de colores distintos, la amabilidad de la gente, la diversidad de sabrosas comidas, la energía del Lago Titicaca y su cielo azul y por el majestuoso Illimani. Pero además les encantó la vida familiar, que aún mantiene ese aire “de antes”, y la forma de ser del boliviano, que ensalza su folklore, baila su propia música, disfruta su comida y valora su cultura.
Pero a uno de los visitantes lo que más le impactó fue una imagen que se le grabó en la mente, quizás para siempre, al punto que cuando me contó lo que vio su rostro y voz iban cambiando.
La escena fue ésta: Mientras el chileno caminaba por una calle de la zona sur vio a una niña potosina junto a su madre pidiendo limosna. Ya se había acostumbrado a esta situación debido a la gran cantidad de mendigos que aparecen en las vías; sin embargo, detuvo su andar cuando percibió que la chiquita, de no más de cinco años, recogió un papel que “un caballero” de clase media había tirado despreocupadamente al suelo.
La pequeña potosina rápidamente agarró la basura y la llevó al papelero más cercano mientras la persona que había ensuciado la calle desapareció entre la gente.
La reflexión gracias a esa acción fue categórica: el respeto al bien común fue inconsciente. Evidentemente la niña potosina no tenía prácticamente ninguna educación por su corta edad; sin embargo, tuvo la capacidad de intuir que un papel tirado en la calle ensuciaba el espacio de todos. Es así que su pequeña lógica la llevo a “poner la basura en su lugar”, aunque sea jugando, algo que muchos de nosotros pasamos por alto en el día a día, olvidando por completo el respeto al espacio común.
Por el contrario, el “caballero” de clase media seguramente botó el papel también de forma inconsciente, como si fuera parte de la naturaleza humana arrojar los deshechos dónde se nos da la gana.
Aquel día esa niña potosina nos recordó, gracias a la reflexión de mi huésped, el valor del respeto al bien común y nos dio una lección demostrando que el pobre y el ignorante puede ser más digno que cualquiera al respetar el espacio de todos como si fuera el propio, aunque sea de forma inconsciente.
Quizás los bolivianos, conforme vamos creciendo, vamos perdiendo nociones básicas de respeto al otro. Éste sólo es un ejemplo para que nosotros podamos reflexionar respecto a nuestras propias conductas y actitudes frente al bien común, concepto tan poco conocido en nuestro medio.
Ellos quedaron impresionados por la hermosura de la ciudad rodeada de bellas montañas de colores distintos, la amabilidad de la gente, la diversidad de sabrosas comidas, la energía del Lago Titicaca y su cielo azul y por el majestuoso Illimani. Pero además les encantó la vida familiar, que aún mantiene ese aire “de antes”, y la forma de ser del boliviano, que ensalza su folklore, baila su propia música, disfruta su comida y valora su cultura.
Pero a uno de los visitantes lo que más le impactó fue una imagen que se le grabó en la mente, quizás para siempre, al punto que cuando me contó lo que vio su rostro y voz iban cambiando.
La escena fue ésta: Mientras el chileno caminaba por una calle de la zona sur vio a una niña potosina junto a su madre pidiendo limosna. Ya se había acostumbrado a esta situación debido a la gran cantidad de mendigos que aparecen en las vías; sin embargo, detuvo su andar cuando percibió que la chiquita, de no más de cinco años, recogió un papel que “un caballero” de clase media había tirado despreocupadamente al suelo.
La pequeña potosina rápidamente agarró la basura y la llevó al papelero más cercano mientras la persona que había ensuciado la calle desapareció entre la gente.
La reflexión gracias a esa acción fue categórica: el respeto al bien común fue inconsciente. Evidentemente la niña potosina no tenía prácticamente ninguna educación por su corta edad; sin embargo, tuvo la capacidad de intuir que un papel tirado en la calle ensuciaba el espacio de todos. Es así que su pequeña lógica la llevo a “poner la basura en su lugar”, aunque sea jugando, algo que muchos de nosotros pasamos por alto en el día a día, olvidando por completo el respeto al espacio común.
Por el contrario, el “caballero” de clase media seguramente botó el papel también de forma inconsciente, como si fuera parte de la naturaleza humana arrojar los deshechos dónde se nos da la gana.
Aquel día esa niña potosina nos recordó, gracias a la reflexión de mi huésped, el valor del respeto al bien común y nos dio una lección demostrando que el pobre y el ignorante puede ser más digno que cualquiera al respetar el espacio de todos como si fuera el propio, aunque sea de forma inconsciente.
Quizás los bolivianos, conforme vamos creciendo, vamos perdiendo nociones básicas de respeto al otro. Éste sólo es un ejemplo para que nosotros podamos reflexionar respecto a nuestras propias conductas y actitudes frente al bien común, concepto tan poco conocido en nuestro medio.
¿Ha leído el proyecto de nueva Constitución Política del Estado?
Quizás al leer el título de esta columna usted ha respondido en su consciencia que no. Talvez no quiera ni seguir leyéndola porque siente que no vale la pena indagar en un tema tan reiterado en estas últimas semanas.
Lo cierto es que al realizar un rápido sondeo en mi entorno (siempre es representativa una muestra de la clase media), me doy cuenta que muy pocos han leído el proyecto de nueva constitución. Confirmando este hecho, un medio reconocido en el país presentó recientemente una encuesta que señala que 70 por ciento de los entrevistados aseguraron no haber leído el proyecto de texto constitucional.
Lo peligroso es que se percibe que estas personas son las que vierten, en su mayoría, comentarios prejuiciosos, positivos o negativos al respecto.
Es más, suenan como repetidoras de consignas políticas que de a poco se van haciendo trilladas, y no aportan con un análisis propio. Esta reproducción de consignas es alimentada por el surgimiento de propagandas confusas o mentirosas que empeoran la posibilidad de un intento de análisis objetivo.
Hay que decirlo, los bolivianos no estamos acostumbrados a leer y en contra partida sí estamos muy habituados a criticar a favor o en contra de algo. Somos especialistas en “analizar” y en “comentar”.
Lo cierto es que en el próximo proceso electoral tendremos la gran oportunidad de demostrar que podemos ser responsables o, mejor, co-responsables de lo que todos nosotros representamos, la sociedad, y el Estado.
¿Cómo? sencillamente leyendo el proyecto de CPE, marcándolo, y definiendo si en síntesis nos representa y encarna la sociedad en la que vivimos.
Sólo así podremos ir a votar por el sí o por el no con la tranquilidad de consciencia que un verdadero demócrata debe tener.
De esta manera nadie nos dirá directa o indirectamente como debemos votar. Seremos capaces de decidir por nosotros mismos, aceptando sólo una consigna, votar con uso y goce de razón.
Si no lo hacemos así, no podremos representar una posición coherente para defender lo que hemos decidido votar. Si no lo hacemos estaremos sujetos a seguir repitiendo las opiniones de quienes nos indujeron a votar de determinada forma, sin poder jamás tener una posición propia. Si no lo hacemos seremos más responsables de las consecuencias negativas de ese voto. Es por estos motivos que es mejor darse un tiempo para informarse sobre lo que se plantea en la actual constitución y compararla con el texto propuesto.
Si no comprendemos algo, tengamos la humildad de preguntar a quienes saben y formemos opinión con distintas personas o por distintos medios que pueden proveernos de insumos que en definitiva forjarán en nosotros responsabilidad ciudadana a la hora de emitir nuestro voto el próximo 25 de enero. Este medio por ejemplo explica, cada día, un artículo del nuevo proyecto, la Corte Nacional Electoral se encuentra difundiendo material de información valiosa, es decir medios no faltan.
Ésa será una forma adecuada de comenzar el año, siendo responsables con nosotros, con nuestra familia y con nuestra sociedad. Eso es lo que le hace falta al país, que prediquemos con el ejemplo y que a partir de eso generemos conciencia ciudadana.
La responsabilidad forja la institucionalidad y el respecto al Estado de Derecho, y por lo tanto a las normas, a las leyes y al bien común.
Lo cierto es que al realizar un rápido sondeo en mi entorno (siempre es representativa una muestra de la clase media), me doy cuenta que muy pocos han leído el proyecto de nueva constitución. Confirmando este hecho, un medio reconocido en el país presentó recientemente una encuesta que señala que 70 por ciento de los entrevistados aseguraron no haber leído el proyecto de texto constitucional.
Lo peligroso es que se percibe que estas personas son las que vierten, en su mayoría, comentarios prejuiciosos, positivos o negativos al respecto.
Es más, suenan como repetidoras de consignas políticas que de a poco se van haciendo trilladas, y no aportan con un análisis propio. Esta reproducción de consignas es alimentada por el surgimiento de propagandas confusas o mentirosas que empeoran la posibilidad de un intento de análisis objetivo.
Hay que decirlo, los bolivianos no estamos acostumbrados a leer y en contra partida sí estamos muy habituados a criticar a favor o en contra de algo. Somos especialistas en “analizar” y en “comentar”.
Lo cierto es que en el próximo proceso electoral tendremos la gran oportunidad de demostrar que podemos ser responsables o, mejor, co-responsables de lo que todos nosotros representamos, la sociedad, y el Estado.
¿Cómo? sencillamente leyendo el proyecto de CPE, marcándolo, y definiendo si en síntesis nos representa y encarna la sociedad en la que vivimos.
Sólo así podremos ir a votar por el sí o por el no con la tranquilidad de consciencia que un verdadero demócrata debe tener.
De esta manera nadie nos dirá directa o indirectamente como debemos votar. Seremos capaces de decidir por nosotros mismos, aceptando sólo una consigna, votar con uso y goce de razón.
Si no lo hacemos así, no podremos representar una posición coherente para defender lo que hemos decidido votar. Si no lo hacemos estaremos sujetos a seguir repitiendo las opiniones de quienes nos indujeron a votar de determinada forma, sin poder jamás tener una posición propia. Si no lo hacemos seremos más responsables de las consecuencias negativas de ese voto. Es por estos motivos que es mejor darse un tiempo para informarse sobre lo que se plantea en la actual constitución y compararla con el texto propuesto.
Si no comprendemos algo, tengamos la humildad de preguntar a quienes saben y formemos opinión con distintas personas o por distintos medios que pueden proveernos de insumos que en definitiva forjarán en nosotros responsabilidad ciudadana a la hora de emitir nuestro voto el próximo 25 de enero. Este medio por ejemplo explica, cada día, un artículo del nuevo proyecto, la Corte Nacional Electoral se encuentra difundiendo material de información valiosa, es decir medios no faltan.
Ésa será una forma adecuada de comenzar el año, siendo responsables con nosotros, con nuestra familia y con nuestra sociedad. Eso es lo que le hace falta al país, que prediquemos con el ejemplo y que a partir de eso generemos conciencia ciudadana.
La responsabilidad forja la institucionalidad y el respecto al Estado de Derecho, y por lo tanto a las normas, a las leyes y al bien común.
Los matices de la Corrupción
Muchos son los conceptos de corrupción utilizados para definir distintas situaciones y en algunos casos, la mayoría, son muy amplios como aquel que identifica a este flagelo a todo comportamiento que, de convertirse en conocimiento público, conduciría a un escándalo.
Hasta el momento no se ha logrado, en el mundo, una definición uniforme y clara respecto a esta problemática lo que conlleva a la existencia de una serie de ideas confusas en el imaginario colectivo respecto al tema. De muestra bastan los cuestionamientos que surgieron a mi anterior columna, en dónde indiqué que comprar música pirata, o entradas a un revendedor es corrupción. “Como va ser corrupción comprar música pirata”, “Comprar entradas de revendedor no es corrupción, es una actividad en contra del imperio”.
En Bolivia, después de haber logrado un consenso entre distintos actores sociales a través de espacios de debate, se definió este mal como todo comportamiento deliberado por acción, omisión o instigación, cometido por personas particulares o funcionarios públicos.
Este accionar va contra de las normas, las leyes y el marco ético socialmente aceptado, que beneficia al que comete el acto, y también puede favorecer a terceras personas, provocando un daño al bien común. La sumatoria de todas estas variables debe ser entendida como dañina al Estado.
En esta perspectiva hay que entender el concepto de corrupción con distintos matices. Por una parte se encuentra la “corrupción blanca” que se emplea para referirse a prácticas que no son reconocidas como corruptas en algunas realidades por estar integradas en la cultura, pero que definitivamente lo son.
En otro extremo, se encuentra la “corrupción negra” que tiene el mismo consenso, pero al revés, es decir, no existe duda alguna con que ciertas prácticas son definitivamente corruptas y, definitivamente, también lo son.
La disyuntiva del grado de corrupción estará, como el lector bien puede imaginarse, en la opción gris: lo que unos definen como “corrupción negra”, otros no la consideran como tal. Seguramente depende de la calidad valórica de las personas.
Dentro de este espacio gris de percepción se encuentra la corrupción que todos nosotros cometemos sin darnos cuenta. Es percibida por unos e ignorada por otros. Y, aunque suene contradictorio esto es reflejado claramente por el comportamiento de nuestros representantes sociales quienes muestran grados importantes de corrupción en sus actos.
Esto se puede ejemplificar con la cooptación de algunos Comités de Vigilancia en las alcaldías en el ámbito municipal, el cobro obligado de cuotas a “las bases” para fortalecer organizaciones sindicales y gremiales, entre otros ejemplos. Sin duda lo anterior genera susceptibilidades internas que casi nunca son visibilizadas al exterior de las propias organizaciones. Este hecho convierte la situación en un tipo de corrupción gris blindada, ya que la problemática tiende a no ofrecer soluciones por encontrarse fortalecida gracias a una concepción “santa” de la sociedad civil, quien, sería la idónea para luchar contra la corrupción. El 9 de diciembre se celebró el día internacional contra la corrupción. Es bueno que celebremos días como este valorando la importancia de entender los distintos matices de la corrupción como el que se acaba de describir.
Hasta el momento no se ha logrado, en el mundo, una definición uniforme y clara respecto a esta problemática lo que conlleva a la existencia de una serie de ideas confusas en el imaginario colectivo respecto al tema. De muestra bastan los cuestionamientos que surgieron a mi anterior columna, en dónde indiqué que comprar música pirata, o entradas a un revendedor es corrupción. “Como va ser corrupción comprar música pirata”, “Comprar entradas de revendedor no es corrupción, es una actividad en contra del imperio”.
En Bolivia, después de haber logrado un consenso entre distintos actores sociales a través de espacios de debate, se definió este mal como todo comportamiento deliberado por acción, omisión o instigación, cometido por personas particulares o funcionarios públicos.
Este accionar va contra de las normas, las leyes y el marco ético socialmente aceptado, que beneficia al que comete el acto, y también puede favorecer a terceras personas, provocando un daño al bien común. La sumatoria de todas estas variables debe ser entendida como dañina al Estado.
En esta perspectiva hay que entender el concepto de corrupción con distintos matices. Por una parte se encuentra la “corrupción blanca” que se emplea para referirse a prácticas que no son reconocidas como corruptas en algunas realidades por estar integradas en la cultura, pero que definitivamente lo son.
En otro extremo, se encuentra la “corrupción negra” que tiene el mismo consenso, pero al revés, es decir, no existe duda alguna con que ciertas prácticas son definitivamente corruptas y, definitivamente, también lo son.
La disyuntiva del grado de corrupción estará, como el lector bien puede imaginarse, en la opción gris: lo que unos definen como “corrupción negra”, otros no la consideran como tal. Seguramente depende de la calidad valórica de las personas.
Dentro de este espacio gris de percepción se encuentra la corrupción que todos nosotros cometemos sin darnos cuenta. Es percibida por unos e ignorada por otros. Y, aunque suene contradictorio esto es reflejado claramente por el comportamiento de nuestros representantes sociales quienes muestran grados importantes de corrupción en sus actos.
Esto se puede ejemplificar con la cooptación de algunos Comités de Vigilancia en las alcaldías en el ámbito municipal, el cobro obligado de cuotas a “las bases” para fortalecer organizaciones sindicales y gremiales, entre otros ejemplos. Sin duda lo anterior genera susceptibilidades internas que casi nunca son visibilizadas al exterior de las propias organizaciones. Este hecho convierte la situación en un tipo de corrupción gris blindada, ya que la problemática tiende a no ofrecer soluciones por encontrarse fortalecida gracias a una concepción “santa” de la sociedad civil, quien, sería la idónea para luchar contra la corrupción. El 9 de diciembre se celebró el día internacional contra la corrupción. Es bueno que celebremos días como este valorando la importancia de entender los distintos matices de la corrupción como el que se acaba de describir.
¿Somos corruptos los bolivianos?
Seguramente al observar el título de esta columna y sin leer su contenido usted ha respondido “por supuesto que si” y, es más, paralelamente a su respuesta casi automática quizás ha pensado en los políticos, policías, funcionarios públicos y todas aquellas instituciones, entidades y organizaciones estigmatizadas por la corrupción.
Pero, ¿ha reflexionado si usted ha cometido o comete frecuentemente actos de corrupción? o mejor dicho ¿se ha puesto a pensar cuántas veces al día comete ilegalidades vinculadas a este fenómeno?
Nuevamente, y tal vez haciendo una autorreflexión apresurada, pensará y concluirá que “pocas veces”.
Hagamos un ejercicio sencillo. Averigüe si dentro de su conducta habitual ha caído en un comportamiento deliberado por acción, omisión o instigación, en contra de las normas, las leyes y el marco ético aceptado, en dónde se benefició y talvez favoreció a terceras personas, provocando un daño al bien común. En efecto, la sumatoria de estos elementos entendidos como dañinos al Estado le ayudará a saber si diariamente está siendo poco, medianamente o muy corrupto.
Entonces, ¿está seguro de no haber cometido varias veces hechos de corrupción? Para que le quede más claro aun y compruebe si está o no en lo cierto le planteo una serie de preguntas para que contraste su respuesta.
¿Ha comprado música o películas piratas?, ¿ha adquirido entradas de revendedor?, ¿se ha “colado” en una fila para hacer un trámite en una oficina pública?, ¿ha sobornado a un funcionario público para agilizar un trámite?, ¿ha sobornado a un funcionario público en general?, ¿bota basura en el piso en vez de esperar a encontrar un depósito de basura?
Si ha respondido afirmativamente a alguna o a varias de estas preguntas y en su reflexión se establece que lo hace constantemente, pues definitivamente usted es un corrupto.
Preocúpese, así se comienza. Los seres humanos somos imperfectos y estaremos permanentemente en la tentación de cometer o estar involucrados en hechos de corrupción de todo tipo. En todo caso tiene tiempo de reaccionar.
De acuerdo al grado de gravedad de su autodiagnóstico existen distintas terapias dentro de las cuales, al igual que cualquier vicio, el primer paso es el auto reconocimiento de la enfermedad. Así y solo así podrá curar el mal y después ayudar a curar a los demás, eso si, sin estar lejos de recaer en cualquier momento.
El desafío es fortalecer nuestros valores y los de nuestro núcleo cercano, aceptando el problema y enfrentándolo.
La caridad comienza por casa. Es mejor realizar una autocrítica consciente y objetiva antes de pasar a la segunda fase referida a la crítica al otro. Piense que será un aporte para la sociedad si con sus acciones diarias se demuestra a sí mismo, y después a la sociedad, que realiza esfuerzos importantes para no ser corrupto.
Pero, ¿ha reflexionado si usted ha cometido o comete frecuentemente actos de corrupción? o mejor dicho ¿se ha puesto a pensar cuántas veces al día comete ilegalidades vinculadas a este fenómeno?
Nuevamente, y tal vez haciendo una autorreflexión apresurada, pensará y concluirá que “pocas veces”.
Hagamos un ejercicio sencillo. Averigüe si dentro de su conducta habitual ha caído en un comportamiento deliberado por acción, omisión o instigación, en contra de las normas, las leyes y el marco ético aceptado, en dónde se benefició y talvez favoreció a terceras personas, provocando un daño al bien común. En efecto, la sumatoria de estos elementos entendidos como dañinos al Estado le ayudará a saber si diariamente está siendo poco, medianamente o muy corrupto.
Entonces, ¿está seguro de no haber cometido varias veces hechos de corrupción? Para que le quede más claro aun y compruebe si está o no en lo cierto le planteo una serie de preguntas para que contraste su respuesta.
¿Ha comprado música o películas piratas?, ¿ha adquirido entradas de revendedor?, ¿se ha “colado” en una fila para hacer un trámite en una oficina pública?, ¿ha sobornado a un funcionario público para agilizar un trámite?, ¿ha sobornado a un funcionario público en general?, ¿bota basura en el piso en vez de esperar a encontrar un depósito de basura?
Si ha respondido afirmativamente a alguna o a varias de estas preguntas y en su reflexión se establece que lo hace constantemente, pues definitivamente usted es un corrupto.
Preocúpese, así se comienza. Los seres humanos somos imperfectos y estaremos permanentemente en la tentación de cometer o estar involucrados en hechos de corrupción de todo tipo. En todo caso tiene tiempo de reaccionar.
De acuerdo al grado de gravedad de su autodiagnóstico existen distintas terapias dentro de las cuales, al igual que cualquier vicio, el primer paso es el auto reconocimiento de la enfermedad. Así y solo así podrá curar el mal y después ayudar a curar a los demás, eso si, sin estar lejos de recaer en cualquier momento.
El desafío es fortalecer nuestros valores y los de nuestro núcleo cercano, aceptando el problema y enfrentándolo.
La caridad comienza por casa. Es mejor realizar una autocrítica consciente y objetiva antes de pasar a la segunda fase referida a la crítica al otro. Piense que será un aporte para la sociedad si con sus acciones diarias se demuestra a sí mismo, y después a la sociedad, que realiza esfuerzos importantes para no ser corrupto.
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Bienvenidos
La inquietud de tener un espacio como éste, se genera a partir de notar la ausencia de elementos proactivos de debate y análisis sobre el quehacer político, social, económico y cultural.
En este espacio, se podrá diálogar, intercambiar opiniones que respondan a un compromiso social de todos los que deen participar, buscando posturas críticas ante el proceso histórico coyuntural que nos toca vivir.
El nombre tiene como trasfondo la idea de mostrar lo que se encuentra detrás de lo visible, evidenciando que por detrás de lo que vemos y conocemos se va tejiendo un mundo de elementos con características positivas y negativas que deben ser discutidas y analizadas con objetividad y responsabilidad, mostrando de esta manera los procesos poco difundidos, en sus luces y sombras.
En este espacio, se podrá diálogar, intercambiar opiniones que respondan a un compromiso social de todos los que deen participar, buscando posturas críticas ante el proceso histórico coyuntural que nos toca vivir.
El nombre tiene como trasfondo la idea de mostrar lo que se encuentra detrás de lo visible, evidenciando que por detrás de lo que vemos y conocemos se va tejiendo un mundo de elementos con características positivas y negativas que deben ser discutidas y analizadas con objetividad y responsabilidad, mostrando de esta manera los procesos poco difundidos, en sus luces y sombras.
