Administrador Público y Cientista Político

viernes, 10 de octubre de 2008

¿Puentes o trincheras?

Si lo tratan con violencia, ¿responde con violencia? Si escucha hablar mal de alguna persona, ¿repite el comentario sin antes averiguar si es verdadero? Si se ha peleado con algún familiar, ¿le pone mala cara y se venga?
Imagino que varios responderán afirmativamente a estas interrogantes, y es que nuestra sociedad se ha caracterizado por caer en el error de las continuas manifestaciones de intolerancia, que tienen como consecuencia el alimento al odio, a la fragmentación, que ha llegado incluso a estados tales como el derramamiento de sangre que vimos recientemente.
Por tal motivo, es importante detenerse un momento y plantearse el desafío de conocer el concepto de la palabra “tolerancia” para entender lo fundamental y poder practicarlo.
Ser tolerante en Bolivia implica, esencialmente, ser respetuoso de todas las diferencias formadas por las distintas identidades de las personas y grupos que componen el núcleo social, tomando en consideración sus opiniones, creencias o prácticas, aunque no se compartan. La tolerancia hacia las creencias y opiniones diferentes implica, necesariamente, una reflexión sobre la verdad; y, por otra parte, la tolerancia asociada al respeto por las personas que son distintas por razones físicas, sociales o sexuales, implica una reflexión sobre los prejuicios y, eventualmente, sobre la discriminación.
Estas consideraciones nos permiten exponer el desconocimiento de este concepto en el país desde un punto de vista político, religioso y cultural. Veamos algunos ejemplos.
En el primer caso, observamos que las mayorías políticas demostraron, y demuestran todavía, problemas en cuanto a la capacidad de poder lidiar con las minorías, sin comprender lo esencial que esto significa a la hora de propender hacia un sistema democrático equilibrado.
En el caso religioso, vemos cómo se van formando grupos que dicen ser, cada uno de ellos por separado, portadores y dueños absolutos de la Verdad Divina, criticando, menospreciando y etiquetando a sus “opositores” como sectas o a través de calificativos peyorativos aun más fuertes. Y, en el tema cultural, han surgido tesis relacionadas con la existencia de una única cultura pura, que tiene que ver con la descolonización y el reconocimiento de nuestras culturas ancestrales, de éstas que deberían ser la referencia para todos los bolivianos que se consideren como tales.
Éstas son, sencillamente, muestras de desconocimiento, en el sentido de no reconocer la libertad del otro. Debemos, como bolivianos, hacer un esfuerzo por comprendernos, evitar los resentimientos, exigir un cambio en la manera de pensar y en los sentimientos. Esta es la única forma de conseguir una armonía verdadera que cure heridas del pasado y reduzca las sospechas entre nosotros mismos. Debemos tener la capacidad de encarar lo político, lo religioso y lo social aceptándonos, conociéndonos y valorándonos, tendiendo puentes y no construyendo trincheras.

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Dirijo el área de investigación y formación de esta entidad