Si lo tratan con violencia, ¿responde con violencia? Si escucha hablar mal de alguna persona, ¿repite el comentario sin antes averiguar si es verdadero? Si se ha peleado con algún familiar, ¿le pone mala cara y se venga?
Imagino que varios responderán afirmativamente a estas interrogantes, y es que nuestra sociedad se ha caracterizado por caer en el error de las continuas manifestaciones de intolerancia, que tienen como consecuencia el alimento al odio, a la fragmentación, que ha llegado incluso a estados tales como el derramamiento de sangre que vimos recientemente.
Por tal motivo, es importante detenerse un momento y plantearse el desafío de conocer el concepto de la palabra “tolerancia” para entender lo fundamental y poder practicarlo.
Ser tolerante en Bolivia implica, esencialmente, ser respetuoso de todas las diferencias formadas por las distintas identidades de las personas y grupos que componen el núcleo social, tomando en consideración sus opiniones, creencias o prácticas, aunque no se compartan. La tolerancia hacia las creencias y opiniones diferentes implica, necesariamente, una reflexión sobre la verdad; y, por otra parte, la tolerancia asociada al respeto por las personas que son distintas por razones físicas, sociales o sexuales, implica una reflexión sobre los prejuicios y, eventualmente, sobre la discriminación.
Estas consideraciones nos permiten exponer el desconocimiento de este concepto en el país desde un punto de vista político, religioso y cultural. Veamos algunos ejemplos.
En el primer caso, observamos que las mayorías políticas demostraron, y demuestran todavía, problemas en cuanto a la capacidad de poder lidiar con las minorías, sin comprender lo esencial que esto significa a la hora de propender hacia un sistema democrático equilibrado.
En el caso religioso, vemos cómo se van formando grupos que dicen ser, cada uno de ellos por separado, portadores y dueños absolutos de la Verdad Divina, criticando, menospreciando y etiquetando a sus “opositores” como sectas o a través de calificativos peyorativos aun más fuertes. Y, en el tema cultural, han surgido tesis relacionadas con la existencia de una única cultura pura, que tiene que ver con la descolonización y el reconocimiento de nuestras culturas ancestrales, de éstas que deberían ser la referencia para todos los bolivianos que se consideren como tales.
Éstas son, sencillamente, muestras de desconocimiento, en el sentido de no reconocer la libertad del otro. Debemos, como bolivianos, hacer un esfuerzo por comprendernos, evitar los resentimientos, exigir un cambio en la manera de pensar y en los sentimientos. Esta es la única forma de conseguir una armonía verdadera que cure heridas del pasado y reduzca las sospechas entre nosotros mismos. Debemos tener la capacidad de encarar lo político, lo religioso y lo social aceptándonos, conociéndonos y valorándonos, tendiendo puentes y no construyendo trincheras.
Bienvenidos En este espacio, se podrá dialogar e intercambiar opiniones, buscando posturas críticas ante el proceso histórico coyuntural que nos toca vivir. El nombre tiene establece que por detrás de lo que vemos y conocemos se va tejiendo un mundo de elementos con características positivas y negativas que deben ser discutidas y analizadas con objetividad y responsabilidad, mostrando de esta manera los procesos poco difundidos, en sus luces y sombras.
viernes, 10 de octubre de 2008
Cultura, Culturas e Interculturalidad
Reconocer al otro, un proceso que a lo largo de la historia boliviana ha sido un desafío, sobre todo si observamos el acceso a la educación y el enfoque de la misma. Hasta 1931, la educación sólo había favorecido a una determinada clase económica, poco a los mestizos y casi nada a los indígenas. A pesar de los intentos por establecer escuelas para los originarios y de introducir métodos de enseñanza en su propia lengua, no se lograron implementar. El imaginario de la clase media concordaba con la existencia de una sola cultura. Intentar hablar aymará o quechua en los colegios clase medieros era inimaginable.
Época obligatoria para hablar la lengua española y practicar la cultura ibérica.
Se trataba de tener o proyectar tener una sola cultura.
Luego de la Revolución del 52, con todo lo que ésta significó, el reconocimiento al otro fue necesario. Empezaron a sospecharse, aceptarse y reconocerse culturas distintas; todavía aisladamente, como partes cercanas pertenecientes a un todo. Cada lugar identificaba su cultura o sus culturas y las reivindicaba y defendía de distintas formas.
El tiempo pasó, junto a hechos auténticos que fueron tejiendo y marcando un antes y un después dentro de la historia boliviana.
Hoy, a partir de lo vivido, intentamos hablar de interculturalidad, derivando del concepto el valor del intercambio de culturas que permite, no solo reconocer, sino también comprender al otro como parte de un todo, como un elemento necesario y valioso para la conformación de la sociedad.
Es un desafío que implica destrozar los modelos y estigmas antiguos, con relación a la apreciación, o mejor dicho depreciación subjetiva del otro, por “desconocimiento”.
Implica un esfuerzo mayor para comunicarnos entre distintos, virtud que en la historia hemos demostrado no haber desarrollado del todo. Ejercitar la capacidad de conocernos con voluntad. No perder de vista los elementos de admiración y respeto con los cuales debemos mirar al distinto para aprender de él. Sentirnos orgullosos de lo que somos en colectivo, en verdadera comunidad, asombrarnos por la proyección de lo que juntos, uniendo nuestras virtudes, podemos construir. Forjar una cultura de heterogéneos que pondera, atiende y desarrolla sus capacidades, buscando ser ejemplo para otras generaciones y complemento para otras culturas.
Sin duda hemos avanzado como sociedad, sigamos más allá, construyendo nuevos paradigmas culturales que nos permitan, en el marco de lo que ya somos, evolucionar ahora con elementos de comunicación y diálogo, partiendo primero de nosotros mismos, en nuestras familias, barrios, círculos cercanos y comunidad en general.
Época obligatoria para hablar la lengua española y practicar la cultura ibérica.
Se trataba de tener o proyectar tener una sola cultura.
Luego de la Revolución del 52, con todo lo que ésta significó, el reconocimiento al otro fue necesario. Empezaron a sospecharse, aceptarse y reconocerse culturas distintas; todavía aisladamente, como partes cercanas pertenecientes a un todo. Cada lugar identificaba su cultura o sus culturas y las reivindicaba y defendía de distintas formas.
El tiempo pasó, junto a hechos auténticos que fueron tejiendo y marcando un antes y un después dentro de la historia boliviana.
Hoy, a partir de lo vivido, intentamos hablar de interculturalidad, derivando del concepto el valor del intercambio de culturas que permite, no solo reconocer, sino también comprender al otro como parte de un todo, como un elemento necesario y valioso para la conformación de la sociedad.
Es un desafío que implica destrozar los modelos y estigmas antiguos, con relación a la apreciación, o mejor dicho depreciación subjetiva del otro, por “desconocimiento”.
Implica un esfuerzo mayor para comunicarnos entre distintos, virtud que en la historia hemos demostrado no haber desarrollado del todo. Ejercitar la capacidad de conocernos con voluntad. No perder de vista los elementos de admiración y respeto con los cuales debemos mirar al distinto para aprender de él. Sentirnos orgullosos de lo que somos en colectivo, en verdadera comunidad, asombrarnos por la proyección de lo que juntos, uniendo nuestras virtudes, podemos construir. Forjar una cultura de heterogéneos que pondera, atiende y desarrolla sus capacidades, buscando ser ejemplo para otras generaciones y complemento para otras culturas.
Sin duda hemos avanzado como sociedad, sigamos más allá, construyendo nuevos paradigmas culturales que nos permitan, en el marco de lo que ya somos, evolucionar ahora con elementos de comunicación y diálogo, partiendo primero de nosotros mismos, en nuestras familias, barrios, círculos cercanos y comunidad en general.
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Bienvenidos
La inquietud de tener un espacio como éste, se genera a partir de notar la ausencia de elementos proactivos de debate y análisis sobre el quehacer político, social, económico y cultural.
En este espacio, se podrá diálogar, intercambiar opiniones que respondan a un compromiso social de todos los que deen participar, buscando posturas críticas ante el proceso histórico coyuntural que nos toca vivir.
El nombre tiene como trasfondo la idea de mostrar lo que se encuentra detrás de lo visible, evidenciando que por detrás de lo que vemos y conocemos se va tejiendo un mundo de elementos con características positivas y negativas que deben ser discutidas y analizadas con objetividad y responsabilidad, mostrando de esta manera los procesos poco difundidos, en sus luces y sombras.
En este espacio, se podrá diálogar, intercambiar opiniones que respondan a un compromiso social de todos los que deen participar, buscando posturas críticas ante el proceso histórico coyuntural que nos toca vivir.
El nombre tiene como trasfondo la idea de mostrar lo que se encuentra detrás de lo visible, evidenciando que por detrás de lo que vemos y conocemos se va tejiendo un mundo de elementos con características positivas y negativas que deben ser discutidas y analizadas con objetividad y responsabilidad, mostrando de esta manera los procesos poco difundidos, en sus luces y sombras.
