Administrador Público y Cientista Político

martes, 11 de noviembre de 2008

El despertar de los jóvenes como acción urgente para el país

El segmento poblacional joven es uno de los menos consultados para el diseño de políticas públicas y demandas sociales, pese a ser destinatario importante de las mismas en el presente y futuro próximo; forma parte de las mayorías excluidas.
En la actualidad existe un distanciamiento de los jóvenes con la política, desde un punto de vista de participación tradicional. Muchos de ellos se sienten burlados y utilizados. Buscan o tienen la expectativa del surgimiento de un liderazgo juvenil nuevo, no sólo en la imagen del candidato sino en su forma de representar el “hacer política”. No obstante, están lejos de emprender acciones concretas para encontrar o crear dicho liderazgo de forma responsable y entrar en definitiva al sistema formal como alternativa joven.
Vemos en ciertas actitudes que algunos de ellos simplemente idealizan la democracia, sin saber cuál es su significado. Otros deciden participar repitiendo consignas, sin que necesariamente demuestren en sus acciones verdadera responsabilidad de conocimiento de sus derechos y sobre todo, de sus deberes y menos de los conceptos utilizados. Se encuentran los que ingresan a un partido a modo de inversión personal y, como tal, esperan retribuciones de distinto tipo: cargos en la función pública, cargos dentro de un mismo partido político, ascenso social, dinero, vínculo con un grupo afín, vínculo afectivo, satisfacción de deseos personales de superación, por nombrar algunos. Variables que responden a valores preestablecidos de las distintas culturas en las cuales los jóvenes se socializan y que se convierten en un conjunto de repeticiones de viejas prácticas políticas vinculadas a intereses particulares mezquinos que hacen que la forma de hacer política caiga en un círculo vicioso.
En esta perspectiva, los jóvenes deberían visualizar su desafío histórico en el sentido de romper paradigmas de la participación política actual y tomar conciencia de lo que nos está pasando para -de esta manera- propender a un cambio en la forma de imaginar, concebir y forjar lo que debe ser su país.
No repetir prácticas perversas de hacer política sino más bien hacer política de verdad. Ésa es la única esperanza que tenemos los bolivianos, una nueva generación que tenga la capacidad de recuperar siempre la memoria, para no repetir los errores cometidos por algunos actores sociales que han provocado y provocan hasta el día de hoy, enfrentamientos innecesarios: políticos, funcionarios públicos, periodistas, autoridades locales, departamentales, nacionales y otros; una generación que entienda el proceso en el que nos encontramos para rejuvenecerlo y perfeccionarlo; una generación que no repita acciones y consignas de uno y de otro lado, y que más bien sea acción pensante e innovadora. Ese trabajo debe construirse responsablemente desde ahora.

Revolución Agraria, ¿cuándo?

En el pasado, los resultados producidos por Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) fueron insuficientes y poco concretos, sobre todo en lo que se refiere a la redistribución equitativa de tierras. Como resultado obvio, se generó incertidumbre, debilidad institucional e inseguridad jurídica.
Ante esa experiencia, advertimos que el Estado debe mostrar resultados precisos para garantizar y generar confianza respecto a lo que se ha planteado en cuanto a un saneamiento de tierras “inteligente”, lo que puede reconducir la Reforma Agraria e institucionalizar su ley.
El Gobierno se planteó el reto de lograr la reversión de tierras en siete años. Actualmente adecua la norma para poder contar con herramientas legales y de esta manera cumplir su objetivo con las tierras improductivas.
Para que el proceso llegue a buen término y cumpla con las expectativas generadas, no solamente se requiere voluntad política para revertir tierras sino pensar qué es lo que se hará con las tierras. La entrega de éstas debe ser un medio de sustento digno que implique una programación, que garantice una función social y que no vaya a ser sobre explotada, tal como lo señalamos en un artículo pasado.
En ese sentido, la norma agraria actual propone algunos elementos interesantes en el sentido de que las tierras sean entregadas de manera comunal y que no sean susceptibles de ser transferidas.
Concretamente para que los campesinos no se encuentren en la situación de manipulación por parte de determinados grupos de poder para vender sus tierras, la norma establece mecanismos para que no se reproduzca este proceso de acumulación.
Por otra parte, es evidente que en varios lugares del país existen sectores productivos que ponen el hombro al país. Ellos no deberían alarmarse, el proceso de reversión, tal como se plantea, no les afectará ya que al estar cumpliendo con una función económica y social, (fundamento de la norma agraria), están contribuyendo con el desarrollo del país. Además, los sectores productivos deben darse cuenta que la ley INRA con sus modificaciones, los beneficia ya que de alguna manera promueve la paz social, y por lo tanto disminuye los conflictos en la toma de tierras en dónde los más afectados son ellos.
Si bien la calidad de reformas en esta nueva Ley no es la mejor se debe resaltar el hecho de que parece existir una intención política de trabajar en el tema. Quizás en el momento las modificaciones son de emergencia y deberán profundizarse para llevar a buen término el proceso de revolución agraria. Actualmente las interpretaciones a la Ley, hacen que existan ejemplos de pagos impositivos irrisorios de 4 bolivianos por hectárea en el oriente. Éste es un tema que no se ha tomado en cuenta en el proceso. Tampoco se ha llegado a un acuerdo respecto al límite de la propiedad lo cuál hace posible que en pleno siglo XXI haya personas que tengan más de 50.000 hectáreas de tierras. En ese sentido, más adelante se deberá aclarar, incorporar y tomar en cuenta algunas variables complementarias y fundamentales. En una de ellas (límite de propiedad), usted lector será protagonista en la decisión cuando tenga que decidir mediante su voto en el referéndum dirimitorio, cuantas hectáreas como máximo se podrá tener.

viernes, 10 de octubre de 2008

¿Puentes o trincheras?

Si lo tratan con violencia, ¿responde con violencia? Si escucha hablar mal de alguna persona, ¿repite el comentario sin antes averiguar si es verdadero? Si se ha peleado con algún familiar, ¿le pone mala cara y se venga?
Imagino que varios responderán afirmativamente a estas interrogantes, y es que nuestra sociedad se ha caracterizado por caer en el error de las continuas manifestaciones de intolerancia, que tienen como consecuencia el alimento al odio, a la fragmentación, que ha llegado incluso a estados tales como el derramamiento de sangre que vimos recientemente.
Por tal motivo, es importante detenerse un momento y plantearse el desafío de conocer el concepto de la palabra “tolerancia” para entender lo fundamental y poder practicarlo.
Ser tolerante en Bolivia implica, esencialmente, ser respetuoso de todas las diferencias formadas por las distintas identidades de las personas y grupos que componen el núcleo social, tomando en consideración sus opiniones, creencias o prácticas, aunque no se compartan. La tolerancia hacia las creencias y opiniones diferentes implica, necesariamente, una reflexión sobre la verdad; y, por otra parte, la tolerancia asociada al respeto por las personas que son distintas por razones físicas, sociales o sexuales, implica una reflexión sobre los prejuicios y, eventualmente, sobre la discriminación.
Estas consideraciones nos permiten exponer el desconocimiento de este concepto en el país desde un punto de vista político, religioso y cultural. Veamos algunos ejemplos.
En el primer caso, observamos que las mayorías políticas demostraron, y demuestran todavía, problemas en cuanto a la capacidad de poder lidiar con las minorías, sin comprender lo esencial que esto significa a la hora de propender hacia un sistema democrático equilibrado.
En el caso religioso, vemos cómo se van formando grupos que dicen ser, cada uno de ellos por separado, portadores y dueños absolutos de la Verdad Divina, criticando, menospreciando y etiquetando a sus “opositores” como sectas o a través de calificativos peyorativos aun más fuertes. Y, en el tema cultural, han surgido tesis relacionadas con la existencia de una única cultura pura, que tiene que ver con la descolonización y el reconocimiento de nuestras culturas ancestrales, de éstas que deberían ser la referencia para todos los bolivianos que se consideren como tales.
Éstas son, sencillamente, muestras de desconocimiento, en el sentido de no reconocer la libertad del otro. Debemos, como bolivianos, hacer un esfuerzo por comprendernos, evitar los resentimientos, exigir un cambio en la manera de pensar y en los sentimientos. Esta es la única forma de conseguir una armonía verdadera que cure heridas del pasado y reduzca las sospechas entre nosotros mismos. Debemos tener la capacidad de encarar lo político, lo religioso y lo social aceptándonos, conociéndonos y valorándonos, tendiendo puentes y no construyendo trincheras.

Cultura, Culturas e Interculturalidad

Reconocer al otro, un proceso que a lo largo de la historia boliviana ha sido un desafío, sobre todo si observamos el acceso a la educación y el enfoque de la misma. Hasta 1931, la educación sólo había favorecido a una determinada clase económica, poco a los mestizos y casi nada a los indígenas. A pesar de los intentos por establecer escuelas para los originarios y de introducir métodos de enseñanza en su propia lengua, no se lograron implementar. El imaginario de la clase media concordaba con la existencia de una sola cultura. Intentar hablar aymará o quechua en los colegios clase medieros era inimaginable.
Época obligatoria para hablar la lengua española y practicar la cultura ibérica.
Se trataba de tener o proyectar tener una sola cultura.
Luego de la Revolución del 52, con todo lo que ésta significó, el reconocimiento al otro fue necesario. Empezaron a sospecharse, aceptarse y reconocerse culturas distintas; todavía aisladamente, como partes cercanas pertenecientes a un todo. Cada lugar identificaba su cultura o sus culturas y las reivindicaba y defendía de distintas formas.
El tiempo pasó, junto a hechos auténticos que fueron tejiendo y marcando un antes y un después dentro de la historia boliviana.
Hoy, a partir de lo vivido, intentamos hablar de interculturalidad, derivando del concepto el valor del intercambio de culturas que permite, no solo reconocer, sino también comprender al otro como parte de un todo, como un elemento necesario y valioso para la conformación de la sociedad.
Es un desafío que implica destrozar los modelos y estigmas antiguos, con relación a la apreciación, o mejor dicho depreciación subjetiva del otro, por “desconocimiento”.
Implica un esfuerzo mayor para comunicarnos entre distintos, virtud que en la historia hemos demostrado no haber desarrollado del todo. Ejercitar la capacidad de conocernos con voluntad. No perder de vista los elementos de admiración y respeto con los cuales debemos mirar al distinto para aprender de él. Sentirnos orgullosos de lo que somos en colectivo, en verdadera comunidad, asombrarnos por la proyección de lo que juntos, uniendo nuestras virtudes, podemos construir. Forjar una cultura de heterogéneos que pondera, atiende y desarrolla sus capacidades, buscando ser ejemplo para otras generaciones y complemento para otras culturas.
Sin duda hemos avanzado como sociedad, sigamos más allá, construyendo nuevos paradigmas culturales que nos permitan, en el marco de lo que ya somos, evolucionar ahora con elementos de comunicación y diálogo, partiendo primero de nosotros mismos, en nuestras familias, barrios, círculos cercanos y comunidad en general.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Estado de Derecho en tiempos de convulsión y de cambio

Nuestras sociedades se rigen sobre la base de Constituciones, que son parte de procesos históricos acumulados y adecuados a determinadas realidades.
Esas Constituciones contienen normas que establecen derechos y deberes ciudadanos que al mismo tiempo le dan un carácter al ejercicio de la ciudadanía.
Al parecer, hoy los bolivianos entendemos que debemos cumplir estos derechos y deberes tomando en cuenta los procesos de lucha y de emancipación social.
Vivimos en un momento profundo de demanda de transformación del Estado acumulado, que implica un replanteamiento de las normas establecidas.
Este nuevo proceso que vive nuestro país, ha sido conducido por distintos tipos de movimientos sociales, que por sus características de composición, acción y demandas, han tenido la capacidad de trastocar y evidenciar la magnitud de una crisis de Estado en que vivíamos y aun vivimos. En esa medida, han podido evidenciar también una crisis del Estado derecho. A partir de entonces, surgieron actores en el debate y escenario político que se sintieron con la legitimidad necesaria producto de la realidad, para sobre pasar y sobre llevar el Estado de Derecho, olvidando que el cumplimiento de los derechos y deberes implica ejercer plenamente la ciudadanía como lo mencionamos al inicio.
De esta manera, la legitimidad crítica al orden institucional, está por encima de las normas ordenadoras de dicha institucionalidad, haciendo que nos encontremos con un incumplimiento “legítimo” del Estado de Derecho.
Se suma a esta realidad, la existencia de una competencia de legitimidades que vienen desde lo local hasta lo nacional. El soberano se ha departamentalizado en algunos casos, el soberano ya no es uno solo.
Tomando en cuenta esta realidad crítica de percepciones, los ciudadanos debemos ser concientes que el Estado de Derecho no está reñido con un determinado proceso de cambio, ni con la política en general. El Estado de Derecho es una construcción civilizatoria para poner límites al poder político, económico y social constituido. Mientras esté enmarcado institucionalmente mediante una Constitución política, debe respetarse hasta que sus propios mecanismos permitan una reforma que se adapte de mejor manera a una determinada realidad.Como decía el francés Jean Paul Sartre, “el infierno son los otros”, por lo que es necesario tener y conocer marcos institucionales para poder respetarlos y cumplirlos, y de esta manera poder convivir con “los otros”.

Algunas reflexiones a partir de los resultados del Referéndum Revocatorio

Después de confirmar los resultados del Referéndum Revocatorio, dónde todos los bolivianos tuvimos una vez más la oportunidad de manifestar nuestra opinión con el voto, nos quedan algunas reflexiones.
En primer lugar, los bolivianos y las bolivianas, tenemos una gran capacidad de tolerancia ya que seguimos creyendo que la mejor forma de resolver los conflictos es votando, es decir utilizando los mecanismos democráticos existentes.
Todavía estamos lejos de pensar en sancionar a los políticos no votando o realizando acciones para perjudicar los procesos democráticos, tal como ocurrió y todavía ocurre en otros países.
En segundo lugar, y de acuerdo al porcentaje de voto obtenido por el Presidente Morales, se percibe que los bolivianos siguen sintiendo la necesidad del cambio, por lo que tienen la convicción que, definitivamente con la actual gestión se ha ingresado a un nuevo proceso histórico de largo aliento, que implica creer en el.
El resultado también debiera marcar una señal clara en la oposición y en el gobierno, en el sentido de inducirlos a ambos a poder sentarse en una mesa de diálogo, consensuar distintas visiones de autonomía y limar aspectos que todavía generan confusión y debate que se encuentran en el proyecto del proyecto de constitución aprobado en Sucre.
Éste quizás el desafío más grande ya que en todo consenso y en todo diálogo existe un componente político enorme en dónde tratan de imponerse generalmente visiones programáticas antagónicas.
Es pues un reto porque las autoridades departamentales se sienten ahora con más poder en sus respectivas regiones y el Presidente de la República cuenta efectivamente con más poder en el país. De esta forma, ambos polos se sentirán con la fuerza de imponer.
Por el comportamiento de los actores políticos hasta la fecha, si estos no logran entender la importancia de ceder y consensuar, es previsible que los márgenes de violencia surjan nuevamente y vayan creciendo, llegando a ser mayores a los que ya tuvimos en el pasado.
Desde de esta perspectiva, no vayamos a creer que las acciones políticas han terminado con el resultado del revocatorio, definitivamente tenemos política para rato, y la forma de hacerla, incidirá en el futuro de nuestro país.
Quizás esta vez sea importante recordar que no solo hacen política los gobernantes, o los opositores. Los ciudadanos hacemos política todos los días y debemos tener la capacidad de hacerla esta vez de manera responsable para incidir correctamente en lo que creemos teniendo siempre presente nuestros derechos pero por sobre todo nuestras obligaciones para con la sociedad boliviana.

Bienvenidos

La inquietud de tener un espacio como éste, se genera a partir de notar la ausencia de elementos proactivos de debate y análisis sobre el quehacer político, social, económico y cultural.

En este espacio, se podrá diálogar, intercambiar opiniones que respondan a un compromiso social de todos los que deen participar, buscando posturas críticas ante el proceso histórico coyuntural que nos toca vivir.


El nombre tiene como trasfondo la idea de mostrar lo que se encuentra detrás de lo visible, evidenciando que por detrás de lo que vemos y conocemos se va tejiendo un mundo de elementos con características positivas y negativas que deben ser discutidas y analizadas con objetividad y responsabilidad, mostrando de esta manera los procesos poco difundidos, en sus luces y sombras.


Mi camiseta

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Dirijo el área de investigación y formación de esta entidad