Administrador Público y Cientista Político

viernes, 30 de noviembre de 2007

Las modificaciones a la Ley INRA:Finalizando el proceso de Reforma Agraria de 1953

Hoy en día, analistas sostienen que en Bolivia no existe latifundio y que más bien habría una acentuada inseguridad jurídica. La realidad objetiva nos demuestra que definitivamente todavía existe latifundio en nuestro país.

Sin duda en el pasado cercano, hubo gobiernos que hicieron esfuerzos por tratar de dar solución a este problema. Gobiernos que se inspiraron en la reforma agraria de 1953, la cuál inició un proceso de redistribución de tierras que aun hoy tiene mucho camino por recorrer.

Los tropiezos de la continuidad de esta reforma agraria, no pasaron necesariamente por un tema de norma, si no más bien por una dificultad que tuvo que ver con la voluntad política que deberían haber tenido los gobiernos de turno que intentaban implementar o profundizar dicha reforma. No por nada, datos objetivos demuestran que desde 1996 hasta 2006 no hubo un solo dato de proceso de reversión que se haya podido concluir. Este es el nudo del conflicto.

El actual gobierno se enfrenta al desafío de realizar un esfuerzo supremo a nivel político, que se centra en la voluntad de culminar con el proceso de reforma agraria iniciado en 1953. Para tal efecto, tiene como propuesta la reversión de la propiedad improductiva de la tierra.

El Estado cuenta con dos componentes fundamentales para encarar este tema: su legitimidad y su fuerza, que deben ahora ser canalizados y expresados en acciones concretas para traducirse en las modificaciones a la Ley INRA.

¿Como se realizaría este proceso? Siguiendo la lógica de la norma, acorde a las modificaciones, ésta nos propone dos opciones:

En primer lugar se encuentra la reversión de tierras en dónde el Estado, utilizando argumentos constitucionales, busca revertir las tierras ociosas. Esta lógica se inspira en la realidad antes mencionada, que ejemplificada nos muestra que existen personas que poseen en tierras dos veces la extensión de Santa Cruz, es decir más de 21 000 hectáreas. Por lo tanto esta acción debería dar como resultado la recuperación de las tierras improductivas del país. algunos.

En segundo lugar se encuentra la figura de la expropiación, en dónde el Estado, a través de una indemnización recuperaría las tierras potencialmente productivas, que bien distribuidas podrían beneficiar a más personas.

Lo que corresponde en el primer caso, para ser coherentes, es que haga una investigación profunda de la reversión, antes de realizarla.

¿En cuanto tiempo se pondrá en marcha el proceso? Los tiempos tienen que ver nuevamente con la voluntad política ya que un proceso de reversión no se realiza necesariamente de “a buenas”. Dentro de esta perspectiva, es importante pensar que antes de revertir deben cumplirse con ciertos requisitos tales como la institucionalización de las acciones para demostrar la seriedad del proceso.

Recordemos que en el pasado los resultados del INRA han sido insuficientes y poco concretos lo cual ha ido generando con el tiempo una gran inseguridad jurídica. El Estado debe mostrar resultados precisos para dar garantía y generar confianza. Que mejor que demostrar que el INRA es una institución seria, que no responde a intereses políticos y que por el contrario se ocupa responsablemente de los intereses de los bolivianos. Mostrando resultados se podría llegar a la reconducción de la reforma agraria y la institucionalización de su respectiva Ley.

El Estado tiene el tiempo de realizar estos cambios y demostrar gestión e institución, se ha planteado el reto de lograr la reversión de tierras en siete años. Actualmente se encuentra adecuando la norma para poder contar con herramientas legales y de esta manera poder cumplir su objetivo con las tierras improductivas.

Este es un primer paso, pero para que el proceso llegue a buen término y cumpla con las expectativas del colectivo no solamente se requiere de ésta voluntad política de reversión de tierras. Es importante pensar también qué es lo que se va a hacer con dichas tierras. No podemos olvidar que existe todavía en nuestro país el ingrato dicho: “Tierra en manos del indio es tierra muerta”. En efecto, el tema no pasa solamente por entregar tierras. Debe ser un medio de sustento digno que implique una programación, que garantice una función social y que la tierra que vaya a ser revertida no vaya a ser sobre explotada.

En ese sentido, la norma agraria actual ha propuesto algunos elementos interesantes en el sentido de que las tierras serán entregadas de manera comunal. Estas tierras no deberán ser susceptibles de ser transferidas. Concretamente para que los campesinos no se encuentren en la situación de ser manipulados para vender sus tierras, la norma establece mecanismos para que no se reproduzca este proceso de acumulación de tierras.

Por otra parte, es evidente que en varios lugares del país existen sectores productivos que le están poniendo el hombro al país. Ellos no deben alarmarse, ya que el proceso de reversión, tal como se plantea no les afectará ya que al estar cumpliendo con una función económica y social, (fundamento de la norma agraria), están contribuyendo con el desarrollo del país. Además, los sectores productivos deben darse cuenta que la ley INRA con sus modificaciones, los beneficia ya que de alguna manera promueve la paz social, y de esta manera disminuye los conflictos en la toma de tierras en dónde los más afectados son ellos.

Si bien la calidad de reformas en esta nueva Ley no es de las mejores se debe resaltar el hecho de que parece existir una intención política de trabajar en este tema. Quizás en el momento las modificaciones son de emergencia y deberán profundizarse en el futuro para llevar a buen término el proceso de revolución agraria.

Actualmente las interpretaciones a la Ley, hacen que existan ejemplos de pagos impositivos irrisorios de 4 bolivianos por hectárea en el oriente.

Éste es un tema que no se ha tomado en cuenta en el proceso. Tampoco se ha propuesto un límite a la propiedad lo cuál hace posible que en pleno el siglo XXI hayan personas que tengan más de 50.000 hectáreas de tierras. En ese sentido, más adelante deberá aclarar e incorporar algunas variables fundamentales tales como el tema impositivo y el tema de límite a la propiedad.

Para finalizar hay que dejar en claro que el tema tierra es polémico y que en ese sentido es difícil encontrar consensos. Aún así se puede establecer que las condiciones están dadas para que se ejecute un proceso revolucionario que culmine con el proceso de reforma agraria iniciado en 1953, en el cuál se consiga una redistribución equitativa de la tierra.

“Formas de organización, participación e incidencia juvenil en partidos políticos”

* Este trabajo fue realizado a solicitud del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa de Fortalecimiento Democrático (IDEA), en el marco del “Encuentro Nacional de Juventudes: Participación e incidencia política juvenil en y a partir de organizaciones políticas”, realizado entre el 16 y 17 de noviembre de 2007. El autor fue invitado en calidad de expositor para desarrollar el tema: “ “Formas de organización, participación e incidencia juvenil en partidos políticos y agrupaciones ciudadanas”

CONSIDERACIONES PREVIAS

Al iniciar este ensayo es necesario realizar algunas consideraciones que permitirán comprender de mejor manera lo que se abordará a continuación.

En primer lugar, no se pretende generalizar el comportamiento de los jóvenes. Esto porque se entiende que es amplia la diversidad al interior del mundo juvenil, y en ese marco, sería un error hablar de “La juventud”, en términos genéricos. El análisis que se realiza, muestra algunas características que se repiten en los distintos modos de participación juvenil dentro de los partidos políticos.

En segundo lugar, este trabajo ha querido ir mas allá de las imágenes tradicionales, concepciones interesadas y muchas veces impuestas acerca de la juventud; es decir, considerar a los jóvenes como problema. Pretende más bien realizar un análisis del ingreso, desarrollo y comportamiento de los jóvenes a la hora de participar en un partido político. Para tal efecto, el análisis realizado se basa en obras relativas a la socialización política y la acción colectiva desarrollada por autores como: Recchi, Browning, Jacob
Merelman, King, o Gaxie, entre otros.

En tercer término, para el análisis se tomaron en cuenta experiencias vigentes de participación de jóvenes en partidos políticos en dos realidades, la boliviana y la chilena.

Como cuarta consideración, aclaramos que este trabajo no pretende otorgar a los jóvenes verdades absolutas y que más bien pretende provocar algunos cuestionamientos de debate en ellos, referidos sobre todo, a su participación y activismo dentro de los partidos políticos.

Y finalmente, el análisis de la participación política de los jóvenes, se realiza tomando en cuenta la presente generación de jóvenes, considerando que la perspectiva generacional de la política del pasado ha podido ser distinta.




I. ANTECEDENTES

El segmento poblacional joven, en las distintas realidades hemisféricas, es uno de los menos consultados para el diseño de políticas públicas y demandas sociales, siendo destinatario de las mismas en el presente y futuro próximo.

Forma parte, junto a la población indígena y las mujeres, de las mayorías excluidas. No obstante, en los últimos años, ha jugado un papel significativo en la política, en las calles y caminos, tal es el caso de los conflictos sociales en Bolivia, durante los meses de febrero y octubre de 2003 (A. Zaratti, J. Dulon, 2006, p. 129), así como en hechos y movilizaciones actuales donde el rostro joven ha estado presente y es protagonista en la movilización social, como en el caso chileno con los escolares, estudiantes de secundaria denominados: “pingüinos”[1].

En la actualidad, pensar políticamente a los movimientos juveniles implica estudiar sus especificidades, sus contextos, sus formas organizativas (la cultura juvenil, en síntesis) que son medio y fin en sí mismas. (O. Aguilera, 2003, p. 75)

Mafesoli (2000), nos presenta una hipótesis útil como punto de partida para entender las formas de organización, participación e incidencia juvenil en las estructuras políticas que son medios para llegar a algún tipo de poder: (…) escapar de las instituciones fundadas de la modernidad parece ser lo propio de los jóvenes. Ellos a fuerza de rechazo y aparente indiferencia, pugnan por una experiencia creadora y fundante de lo que quizás sean en una temporalidad cercana, las formas de socialidad que abrirán paso a nuevos modos de ser comunes y comunitarios.[2]

Esta aproximación nos entrega algunas pistas referidas al cuestionamiento del distanciamiento de los jóvenes con la política, desde un punto de vista de participación tradicional, vale decir, como parte de un medio para llegar al poder. Otra variable que explica dicho distanciamiento, se refiere al sentimiento de los jóvenes respecto a los políticos. Dicho sentimiento no tiene que ver solamente con la no atención de los políticos hacia los jóvenes, va mucho más allá; los jóvenes se sienten burlados y utilizados. De ahí que tengan la expectativa del surgimiento de un liderazgo juvenil, completamente nuevo no sólo en la imagen unipersonal, en el candidato, sino en toda una estructura, en un equipo, que por estar compuesto por jóvenes no esté maleado con prácticas de vieja y sucia política y, sobre todo, por ser joven, pueda comprender a la juventud.

Ante la realidad antes descrita, existen aún jóvenes que se interesan en pertenecer y formar parte de estructuras políticas tradicionales, tales como los partidos políticos. En este breve ensayo, abordaremos el tema específico de la participación de los jóvenes dentro de los partidos políticos, para lo cual buscaremos responder tres preguntas. ¿Cuál es la motivación de un joven para ingresar a un Partido Político (PP)?, ¿Cuál es su rol dentro del PP?, ¿Cómo se convierten en líderes con potencial político para ingresar a las estructuras superiores?

Las respuestas a estas tres preguntas serán de utilidad a la hora de sugerir algunas conclusiones respecto a la relación entre la participación de los jóvenes en los partidos políticos y algunas formas de participación alternativas, que ahora son las que más caracterizan a los jóvenes.



II. LAS MOTIVACIONES PARA INGRESAR AL PARTIDO

El hecho de ingresar y militar en un PP, puede llegar a ser para algunos jóvenes una inversión personal de la cual varios esperan retribuciones de distinto tipo. Retribuciones que van desde cargos en la función pública (si es que el partido es oficialista), cargos dentro del mismo PP, ascenso social, dinero, vínculo con un grupo afín, vínculo afectivo, satisfacción de deseos personales de superación, estar más informado, entre otros. Lógicamente, estas y otras retribuciones responden a valores pre-establecidos de las distintas culturas en las cuales los jóvenes se socializan y por lo tanto reconocen como válidas.

Es decir, todos buscan retribuciones de distinto tipo, materiales e inmateriales. Claro que generalmente las retribuciones inmateriales, traen consigo en el futuro retribuciones materiales y los jóvenes lo saben. En ese sentido cabe preguntarse, ¿los jóvenes tienen alguna definición ideológica al ingresar a un PP? ¿O tienen la expectativa que al ingresar a un partido tendrán otras perspectivas, nuevos horizontes ?

En cualquier caso, esto no quiere decir que todos los jóvenes tengan únicamente esas motivaciones. Pero al mismo tiempo, pensar que el principal elemento de motivación es el móvil ideológico o de convicciones para justificar la militancia, en términos generales, conduce a muchos errores ya que eso implicaría que los jóvenes conocen los conceptos, la ideología y todo lo que eso conlleva. Gaxie (1977)[3], demuestra que ese dominio ideológico es casi nulo en ellos, sobre todo en los jóvenes que por la corta edad han estado sometidos a recibir poca información dentro del mismo partido.

Quizás estos elementos demuestran que, de forma general, el ingreso de los jóvenes a partidos políticos, es un medio para socializar y ascender socialmente, tomando al Estado como agente formador de una clase social, tal como se puede observar con el comportamiento de la clase media chilena que nace al alero de los puestos estatales y la política.

Pero siguiendo esta lógica, seguramente surgirán preguntas relacionadas con la motivación de los jóvenes que ingresan a PP con una alta base ideológica y sin posibilidades de ser parte del sistema de partidos políticos, los llamados partidos “asistémicos”.

¿Cuál es la motivación de un joven para ingresar a este tipo de partidos? ¿Qué gana participando?, ni dinero, ni puestos de trabajo. ¿Por eso el joven que ingresa a este tipo de estructura es mas honesto, más ideológico? Pues la experiencia demuestra que este tipo de partidos satisface necesidades no materiales, mas bien relacionales o afectivas, que finalmente es lo que más les interesa a los jóvenes.

Eso explica el paso natural de la juventud rebelde ideológica, hacia posiciones más moderadas a la hora de ser adultos. Esto no sucede necesariamente como se piensa: producto de un juicio ideológico mas depurado con el transcurso de los años, de lo contrario, los intelectuales y grandes dirigentes de los partidos asistémicos deberían ser jóvenes.

En otro sentido, Ettore Recchi[4] (2000), plantea tres modelos que explican la posibilidad del ingreso de los jóvenes a la política, y manifiestan una relación de dicha participación con la familia. Estos modelos nos permiten otra aproximación que puede ser combinada con lo que se mencionó anteriormente.

En primer lugar se encuentra el modelo de la compensación, el cual hace referencia a la tradición freudiana que relaciona la personalidad de un joven político con su vivencia durante su infancia en la familia. Según esta tesis, el joven que desea participar en un partido político, tendría deseos de utilizar el mundo de lo público como medio para distensionar el estrés de lo vivido en su infancia. Una figura represiva paterna, por ejemplo, contribuiría a crear una baja autoestima del joven, que sería el punto de partida para iniciar el proceso de su participación en la política. Estos jóvenes perseguirían el poder como un medio para dar fin a algunas formas de privación que tuvieron en su infancia, particularmente en lo que se refiere a la falta de afecto, de amistad y de integración en sus primeros años de adolescencia. En ese sentido, el trabajo político que realizaría el joven, enriquecería su estima, sea por un cambio de percepción subjetiva de su propio control de la realidad, sea por su ingreso a un medio socialmente integrado, sea por los dos.
Siguiendo esta tesis, Browning y Jacob (2007), concluyen que “ser político no necesariamente significa tener la voluntad de ejercer el poder”[5].

El segundo modelo propuesto es el de la Cristalización, donde la relación padre – hijo juega, al igual que en el primer modelo, un rol crucial en cuanto a la estimulación del activismo político. La enseñanza de los padres, inculcaría algunas formas de comportamiento ideológico que serían estables a lo largo del ciclo de vida del joven. En este caso existiría un cuadro de socialización política caracterizada por una cohesión ideológica mucho más fuerte que la normal. “En ese sentido los jóvenes interiorizarían de manera profunda los ideales inculcados por los padres y dispondrían de un conjunto ya construido de actitudes y conocimientos”[6] En resumen, el joven militante sería un individuo “ideologizado” que no permitiría que los valores con los cuales fue formado, se irrespeten en la sociedad en la que vive. Su participación en un partido, entonces, estaría ligada a una respuesta moral a las desilusiones que su sociedad permite. Según el modelo, estos jóvenes se caracterizarían por actitudes políticas muy similares a las de sus agentes de socialización, siguiendo una ideología política ya constituida y cerrada.

El tercer modelo propuesto es el de sensibilización el cual presume que si la familia esta políticamente implicada en la vida política, es probable que el gusto por la cosa pública se transmita a los niños de forma casi natural. Esto supone que el niño viva la actividad política como una actividad que es parte de su socialización, como parte de la vida familiar. El modelo de sensibilización supone que los padres y otras figuras de influencia, transmitan una condición natural para que el joven sea un activista político desde la infancia. Esto produciría una disposición de aprendizaje político particularmente abierto y flexible. Los padres contribuirían a la formación de uno de los trazos típicos de la personalidad de un político, como es la sensibilidad a la complejidad de problemas, la cual se traduciría en el cuestionamiento de actitudes cerradas o simplistas.

Es indudable que los tres modelos mencionados pueden de alguna forma combinarse entre sí y al mismo tiempo responder a la primera pregunta planteada referida a la motivación de los jóvenes por ingresar a un Partido Político.


III. EL ROL DE LOS JÓVENES EN LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Para comprender entonces el rol de los jóvenes en los Partidos Políticos, éstos deben estar concientes que se obligan a seguir una determinada trayectoria política dentro de del partido, tomando en cuenta lo que Grimaldi (2005)[7], califica de “hitos” en cuanto procesos, mediante los cuales el individuo va generando compromisos con la estructura partidaria, asumiendo responsabilidades, riesgos, roles, liderazgos, entre otros. Tales hitos tienen correspondencia con:

a) La socialización política primaria producida por su entorno más cercano, donde influyen principalmente la familia, personas relevantes para su formación personal como referentes morales, figuras modelo del entorno político como líderes carismáticos, preparación intelectual y formación política específica[8];

b) La iniciación a la política o primer contacto con la realidad política que permite al individuo formarse una impresión práctica de “lo político” y comprenderse como un “sujeto político”;

c) La consagración, considerada como el hecho o momento en que el individuo decide dedicar su vida o gran parte de sus esfuerzos a la actividad política y se compromete con el partido producto del impacto de ciertas experiencias que han provocado un impulso mayor a su compromiso político;

d) Las redes, amistades y afectos que ha logrado desarrollar en el medio político partidario y que en definitiva permiten el desarrollo de la actividad partidaria y la continuación de una carrera política.

Según Gaxie (2001)[9], el joven debe entender que la política supone un aprendizaje y una iniciación. Por lo tanto, la política estaría reservada únicamente para los iniciados en ella. Los que no están “iniciados” serán considerados como “profanos” y a la vez “ignorantes” y distanciados de lo específicamente político. sagrado.

Una vez que el joven se forma una impresión práctica de “lo político” y se comprende como un “sujeto político” (Iniciado), debe consagrarse como tal, es decir realizar acciones para convertirse en un “hombre político”. Esto le implica consagrar todas sus fuerzas y, porqué no, toda su vida a la política.

Siguiendo al sociólogo Max Weber, los jóvenes cuadros deberían buscar volverse “profesionales de la política”, lo cual implica vivir de y para la política, siguiendo una carrera política dentro de sus partidos. En ese marco, la pretensión de algunos grupos de “hacer política de una manera distinta” y de negar esta realidad, no resiste a las presiones del medio, de la competencia y de las prácticas políticas.

Los jóvenes que de verdad llegan a ser “hombre políticos” en sus partidos, monopolizan las actividades políticas. Los cuadros activos jóvenes, son favorecidos en desmedro de la pasividad de los que se dedican a otras actividades a parte de la política. El que está siempre presente en el terreno político, se impone de manera sistemática a los “ocasionales”.

Otro elemento, que debe considerarse a la hora de analizar la participación de los jóvenes en los partidos, es el elemento de especialización. Cuando un joven cuadro maneja determinados temas o cuenta con ciertas virtudes que benefician al partido, toma cierta distancia de autoridad para con sus pares.

El joven que aspira a ser un político “de verdad” debe contar con un conjunto de competencias y especialidades, en los oficios políticos, tales como asesor, negociador, comunicador, entre otros, lo cual lo conducirá idealmente a convertirse en un profesional de la política, nuevamente en desmedro de los jóvenes que solamente cuentan con una o dos especialidades.

En nuestra realidad, por ejemplo, los candidatos definen por si mismos los temas de sus campañas y piden asesoría a los militantes de sus partidos para redactar sus discursos, colar afiches, organizar reuniones públicas, o preparar entrevistas en radio o televisión. El joven cuadro que cuente con más especialidades, podrá tener un mayor relacionamiento con los candidatos y por lo tanto mayor oportunidad de ascender en la estructura partidaria.

IV. CÓMO CONVERTIRSE EN LÍDER JUVENIL PARA INGRESAR A LAS LIGAS MAYORES

Siguiendo la lógica del punto anterior entonces, para que un joven pueda tener mayores oportunidades de acceso a la cima de la estructura partidaria, deberá contar con un conjunto de especialidades que lo pondrán más cerca de los actores políticos de su partido.

Dado este vínculo del joven especialista con la super estructura partidaria, sus pares buscarán un acercamiento que encuentren un aprendizaje de las propias especialidades, pero al mismo tiempo un interés de relacionarse con los actores políticos del partido.

¿Esto entonces hace que el joven con mayor incorporación de especialidades sea un líder? ¿Solamente este perfil de jóvenes estaría destinado a ingresar a las “ligas mayores” del partido?

Para ayudar a desarrollar las distintas especialidades necesarias para los jóvenes, existen estructuras políticas que, mediante organizaciones no gubernamentales o de otro tipo, se preocupan por desarrollar y organizar procesos de capacitación y formación de cuadros políticos.

Varios jóvenes asisten a estos procesos con la perspectiva de incorporar conocimientos y herramientas para ser “líderes” en sus distintos partidos. Lo cierto es que en la mayoría de esas experiencias no se dan recetas para ser líder y más bien se entregan algunas herramientas que pueden permitir a los jóvenes actuar de mejor forma en la vida política.

De esta manera los jóvenes permanecen con la inquietud de encontrar la fórmula, la cual les conduciría a beneficiarse en un futuro para ingresar a un mundo político adulto. En todo caso, la experiencia demuestra que los jóvenes que se convierten en “líderes” con futuro político, no son necesariamente son los que han encontrado la fórmula secreta en los talleres o escuelas de liderazgo. Generalmente y por desgracia, son los que tienen el capital de ser “hijos de”, estudiantes destacados, jóvenes con carisma o “agradables al electorado”, adolescentes con capacidad de armar buenos negocios, entre otros.

Es decir, “el líder con potencial político”, cuenta generalmente con un capital cultural, relacional y monetario, en diferentes radios. Entonces ¿qué hace que un joven se convierta en un verdadero líder?, ¿Quiénes llegan a serlo verdaderamente?, ¿son los ungidos por alguna divinidad?, ¿son los “llevadores de maletín” que luego se rebelan?, ¿se ganaron la calidad de líderes por ellos mismos? Puede ser, pero no de forma absoluta



REFERENCIAS

Dulon Jorge; Zaratti Andrés. “Construyendo Bolívia del Siglo XXI”, Fundappac 2006, 135 p.

Aguilera, Ruiz. “Un modelo (transoceánico) para armar”. Revista de estudios jóvenes. Nº 19. 2003, pp. 64-81.

Rufus Browning, Herbert Jacob, « Power Motivation and the Political Personality », Public Opinion Quarterly, 28 (1), 1964, p. 89.

Ettore Recchi, “Les ressorts du militantisme politique: quatre modeles concurrents”, Revue française de science politique,vol. 51, n° 1-2, février-avril 2001, p. 155-174. 2001

Richard Merelman, Gary King, « The Development of Political Activists: Toward a Model of Early Learning », Social Science Quarterly, 2 (4), 1986, p. 473-490. Cf. Paul Beck, Kent Jennings, « Pathways to Participation », American Political Science Review, 76 (1), 1982, p. 94-109.

Gaxie Daniel, “Les enjeux citoyens de la professionnalisation politique”, revista: Mouvements N°18 novembre-décembre 2001

Grimaldi, Daniel, “Modelos de partido y compromiso político: el Partido por la Democracia en el sistema político chileno”, Documento de trabajo. Proyecto Fondecit “Formas (nuevas) de militantismo en Chile”. Santiago Noviembre, 2005
[1] Líderes estudiantiles chilenos fueron capaces de articular un movimiento de protesta, bautizado como la revolución de los Pingüinos (llamada así por el atuendo de chaqueta azul oscuro, camisa blanca y corbata de los escolares), que comenzó a gestarse a principios de mayo en el interior de los colegios más emblemáticos de Santiago, como el Instituto Nacional, el Liceo de Aplicación, el Carmela Carvajal de Prats y la Confederación Suiza. Asombró por su organización y convocatoria, ya que un grupo pequeño de líderes estudiantiles llamó a protestar y convocó a un millón de estudiantes y profesores, en la más multitudinaria manifestación estudiantil de las últimas tres décadas en Chile
[2] M. Maffesoli, “Normandismo juvenil”, Nómadas, num. 13, Bogotá, 2000.
[3] Daniel Gaxie, “Retributions du militantisme et l´économie partisane”, 1977

[4] Ettore Recchi, “Les ressorts du militantisme politique: quatre modeles concurrents”, Revue française de science politique,vol. 51, n° 1-2, février-avril 2001, p. 155-174. 2001

[5] Rufus Browning, Herbert Jacob, « Power Motivation and the Political Personality », Public Opinion Quarterly, 28 (1), 1964, p. 89.

[6] Richard Merelman, Gary King, « The Development of Political Activists : Toward a Model of Early Learning », Social Science Quarterly, 2 (4), 1986, p. 473-490. Cf. Paul Beck, Kent Jennings, « Pathways to Participation », American Political Science Review , 76 (1), 1982, p. 94-109.

[7] Grimaldi, Daniel, Modelos de partido y compromiso político: el Partido por la Democracia en el sistema político chileno, Documento de trabajo. Proyecto Fondecit “Formas (nuevas) de militantismo en Chile”. Santiago Noviembre, 2005, p. 6
[8] Ver los tres modelos de Ettore Recchi.
[9] Gaxie Daniel, Les enjeux citoyens de la professionnalisation politique, revista: Mouvements N°18 novembre-décembre 2001

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