- El pasado 8 de febrero, recordando el Día Nacional de Transparencia y Lucha Contra la Corrupción, el Gobierno ratificó su voluntad de seguir luchando contra el mal endémico de la corrupción en nuestro país.
En esa línea y como parte de los discursos sobre los resultados obtenidos hasta la fecha, la ministra de Transparencia Institucional y Lucha contra la Corrupción dijo que se habían recuperado 96 millones de dólares americanos para el Estado boliviano.
Esta cifra, no menor, equivale en proporción a la edificación de unos cuatro hospitales de segundo nivel completamente equipados y a la construcción de unas 384 escuelas amplias y bien diseñadas, entre otras obras de consideración o proyectos sociales que pueden generar un impacto importante en la sociedad boliviana. Lo que seguramente le interesa saber ahora al pueblo boliviano es, ¿dónde se encuentra ese dinero recuperado?, ¿cómo y en qué se invertirá?
Este cuestionamiento es bastante lógico. En la historia de nuestro país, existieron varios casos de corrupción en los que, culpables identificados y procesados, jamás devolvieron el dinero que sustrajeron del Estado. Esto, en definitiva, se puede explicar por el proceso propio y característico de la antigua justicia boliviana: engorrosa, burocrática y llena de trabas, características que permitían, en muchos casos, que el corrupto pudiese transferir el dinero robado a otras cuentas bancarias de familiares y amigos. O bien, que el proceso tardara tanto en desarrollarse y ejecutarse que el dinero en cuestión era dilapidado rápidamente por el corrupto y por lo tanto, a la hora de demostrarse su culpabilidad, éste no tenía cómo devolverlo.
Sólo estos dos ejemplos sencillos de una lista extensa de varios otros que seguramente existen, sirven para cuestionar el concepto utilizado por la autoridad del Estado en el sentido propio de “recuperación” del dinero proveniente de actos de corrupción.
La duda está planteada y, para salir de ella, lo primero que podríamos hacer como parte de un ejercicio de control social, es preguntarle al fiscal general cuál es el monto exacto y real que se ha recuperado para el beneficio de la sociedad boliviana.
Por último, sería conveniente que la ministra explique lo que entiende por “recuperar”. Porque tal vez “recuperar” para ella, signifique cuantificar el dinero proveniente de los casos de robo al Estado identificados y procesados en los cuales el Ministerio de Transparencia ha hecho seguimiento y viabilización. Si eso es lo que quiso decir la autoridad, entonces tendría que redefinir las dimensiones de los resultados del trabajo de transparencia y lucha contra la corrupción realizado hasta la fecha y debería aclarar conceptos para que no se genere un posible engaño a la población boliviana.
Por el contrario, si efectivamente se han recuperado los 96 millones de dólares, los bolivianos y bolivianas tenemos el derecho de saber quién tiene ese dinero y cómo se invertirá.
Jorge Dulon Fernández es administrador público y cientista político.
